jueves, 20 de febrero de 2020
jueves, 28 de noviembre de 2019
La flecha en la palabra: sobre "El ejército ha huido" por Eduardo Fariña
"Arco y punta" de W. Kandinsky (1929)
"La flecha en la palabra"
por Eduardo Fariña Poveda
Huir
es más espacio que tiempo. La apuesta acrobática por poner a disposición de un
lector una serie de recursos y pulsiones internas es lo que define la jugada de
un poeta. Pero los que excavan en las profundidades blancas de una página a
veces descubren un tesoro en movimiento que solo puede entenderse desde la
óptica de quien mira sin esperar más que el placer del instante, que todo
tiempo presente prefigura: «Empuñar el silencio y
tasajear la página» se nos dice en un verso.
Retomando, escribir como gesto
también entraña jugada, pero los poetas que investigan los cauces por los que
están dispuestos a transitar, siempre nos sorprenden; en el caso del libro que
nos convoca, la jugada se metamorfosea y se camufla en el impacto que estos
poemas provocan. El ejército está en movimiento y en su huida, deja tras de sí
un rastro para que podamos, lectores, regresar a la infancia, a la soledad, al
placer textual, a la compañía programada de quienes deciden celebrar nuestra
presencia. Errar por errancia más que por error o por descuido. Aquí siempre
hay objetivo y no faltan flechas, como se verá en uno de los apartados más
veloces del libro. En otro blanco, veremos a los personajes, a medio camino
entre la breve biografía y el instante de su asedio.
Óscar Pirot en El ejército ha huido
reúne una serie de textos breves, divididos en 5 apartados. Algunos poemas son
muy afilados como flechas. Otros más blindados y recubiertos de acero, como
balas. En algunos casos hacen referencia a una realidad cercana, en otros, los
textos intuyen que el lector necesita aportar un significado adicional a su
estructura sintáctica. Porque las ideas de la guerra y la batalla están
presentes en el mundo natural y en las sociedades que habitamos. Y nosotros,
como lectores, nos apropiamos de la abstracción de la idea de batalla mientras
sentimos o recordamos cicatrices pasadas y/o los sonidos de las guerras
cotidianas combatidas: «Herir es dar la carne como
ausencia». Muchos ejes temáticos vertebran el poemario.
Aquí es clave todo lo relacionado con la distancia. El arquero tiene éxito en
la medida de que no toca su blanco; la flecha en el aire resume toda la
extensión que la tensión comporta: «Atravesada por
flechas / la carne se llena de vuelo».
Poema que logra impactar no solo en el lector como individuo, sino en su
experiencia lectora, en su situación espacio-temporal con la cultura contemporánea.
El poema y su tensión con la página en blanco. O con su eficacia estratégica: «Acribillar palabras hasta dar en el blanco de la página».
Cabe señalar que Pirot se
interesa por la idea de concepto. Cada poema aporta un grano de arena para
construir una maquinaria de mayor ingeniería. No es la primera vez; hay un más
allá de osadía en la puesta en escena de este libro. Si en Bestimenta (2011), el itinerario de lo animal hacía pensar en un
lenguaje que apelaba a un lugar posible entre bestia y hombre y en Luz Anfibia (2012) la pedacería de lo
fragmentario sondea las profundidades internas de una poética en construcción
(Añadiríamos la gimnasia onírica presente en el libro colectivo Hypnerotomaquia de 2017) en este libro
el lenguaje busca asociarse con la idea de conflicto. Entendiendo este como el
cruce de destinos, como se anuncia en el comienzo del poemario. Desde la
infancia, desde la decisión de ser un autor o desde la complicidad con los
seres queridos, la herida y la batalla se hacen posibles como experiencia de
lenguaje. Búsqueda. Recovecos de un decir. Más que estar, persistir. Reflexión
alrededor de significado y significante. El ejército se mueve. Se amplia el
campo de batalla en el espacio.
Trinchera, portaviones,
catapulta, ametralladora, francotirador, el desertor, mensaje en la botella...
Palabras clave que atraen a tantos otros títulos del texto. El poemario tiene
sus piezas desplegadas. Y se mueve. Ondula cuando a su paso desgarra como una
espada. O desde una distancia considerable, el lector es alcanzado por otra
flecha.
Zaragoza, abril, 2019
***
jueves, 3 de octubre de 2019
Presentación en Madrid del poemario "El ejército ha huido" Óscar Pirot
Presentación del poemario “El ejército ha huido” de Óscar Pirot
Bajo el sello Editorial Tigres de Papel se avecina un desembarco de tinta…
El sábado 5 de octubre a partir de las 19:30 h tendrá lugar la presentación del poemario “El ejército ha huido” de Óscar Pirot.
"
La cita será en la mágica atmósfera del bar La Noche Boca Arriba (Salitre 30, Metro Lavapiés, Madrid), un espacio entrañable abierto a la poesía.
Acompañarán al autor:
• Los editores de Tigres de Papel: Mara Troublant y Paco Moral
• El poeta ecuatoriano Paúl Chimbo Torres
«Óscar Pirot en "El ejército ha huido" reúne una serie de textos breves, divididos en 5 apartados. Algunos poemas son muy afilados como flechas. Otros más blindados y recubiertos de acero, como balas. En algunos casos hacen referencia a una realidad cercana, en otros, los textos intuyen que el lector necesita aportar un significado adicional a su estructura sintáctica. Porque las ideas de la guerra y la batalla están presentes en el mundo natural y en las sociedades que habitamos. Y nosotros, como lectores, nos apropiamos de la abstracción de la idea de batalla mientras sentimos o recordamos cicatrices pasadas y/o los sonidos de las guerras cotidianas combatidas» (Eduardo Fariña, del prólogo “La flecha en la palabra”)
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martes, 3 de septiembre de 2019
Hilos ígneos: una aproximación a Lumbres de Gema Palacios
En primavera de
2019 –bajo el sello editorial Polibea– salió a la luz Lumbres, el nuevo poemario de Gema Palacios. Galardonado con el Premio Javier
Lostalé de Poesía Joven en su cuarta edición, el libro confirma lo que ya anteriormente
se venía anunciando en algunas obras anteriores, como Treinta y seis mujeres (2016) o Compañeros del crimen
(2014), que para la autora el acto poético es ante todo un discernimiento de la
palabra como ente orgánico, tal y como ella misma nos lo evidencia: “El
lenguaje es un ser vivo que tiembla”.
Lumbres configura su estructura mediante tres destellos: «Madriguera», «Invernadero» y «Nido». A
todos ellos los une la confrontación entre el adentro y la intemperie, frontera
delicada desde donde “deletrear despacio/ el frágil contorno de la vida”. Es
esta amalgama entre cuerpo y lenguaje, entre piel y escritura, lo que le otorga
a cada poema un carácter simbiótico entre dos realidades complementarias: la
del ser y lo que nombra. Tal vez por eso el título, a medida en que avanzamos
la lectura, nos da esa doble pauta: la lumbre, además de sí misma, es aquello
que alumbra.
Bajo esta concepción de la voz como
membrana sensorial, los poemas de Lumbres
surgen como ondulaciones que emulan el crepitar de la llama. Su elevación, su perfil
contenido y sus cortes de verso desembocan en una musicalidad propia de una atmósfera
pausada que cuestiona los límites de la conciencia y su imbricación en el
mundo: “No a fluir hasta desbordar/ cada esquina del mapa”.
Conforme vamos incinerando la
mirada en cada página, lo indomable se hace presente a través de la figura
animal. Instinto e intuición se trenzan para dialogar tanto con el pensamiento como
con el mundo sensible. Se hace presente ese deseo de balbucir lo que aún está
por ser dicho: “Hay una luz vencida/ un extraño pasajero en mi garganta”.
Lo concéntrico y el movimiento
alterno de expansión-contracción abren un pasadizo de búsqueda y reencuentro:
“Salir afuera/ sólo para estar de vuelta”, “Proseguir/ a campo traviesa/ para
volver al comienzo”. En ocasiones, ese movimiento se transforma en quietud y en
urgencia de madurar el fruto recolectado hasta transmutarlo en signos:
“Escribir no es desear hacia delante/ no es volver donde el origen/ no es contraerse
ni expandir/ escribir es hurgar aquí/ donde el blanco/ en esta sucesión de
grietas/ sensibles al frío.”
La intención del desprendimiento
de sí para acceder a otras coordenadas también puede observarse: “Bailar hasta
que el cuerpo/ se vuelva comisura”, “Siempre avanzo/ hasta desposeerme hasta/
desdibujarme”; por ello, la presencia de la grieta como resquicio también es
palpable en algunos poemas.
El concepto, la insinuación, la
imagen recreada, la dimensión simbólica y el carácter reflexivo del propio acto
de creación son algunos de los recursos que se imprimen de forma conjunta y
armónica. Lumbres se vuelve sobre sí
y hace de su espejo: “Escribir un poema/ siempre estar escribiendo un poema/
dentro del poema/ hasta que este desaparezca/ y no exista nada/ salvo este
obsesivo huirse/ hacia los otros”. Un
aliento que aspira a la comunión con aquello que no somos pero que sentimos
como propio.
En su dimensión total, esta nueva
exploración de Gema Palacios se corresponde con visiones detalladas y hondas,
delicadas y sugerentes: “Ahora se deshacen los ojos/ almendras de hielo”. En
sus páginas late una reinterpretación de la luz como agente epistemológico del
yo y su hábitat, una conciencia penetrante y lúcida, una propuesta sedimentada
bajo el rigor de un lenguaje depurado que borda los confines del sujeto como intersticio
entre el universo y la palabra.
Adentrarnos en estos hilos ígneos
es saborear la revelación que asoma en cada pausa, “despacio con la fe del
caracol/ que vive y es casa de sí mismo”.
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